jueves, 24 de mayo de 2007

Toco el timbre y No alcansé a pensar en un titulo

Ayer un pájaro trinó dulce y suavemente, con segura dirección hacia mi ventana, y a pesar de que la rabia me envolvió profundamente porque mis pestañas superiores estaban recién amigándose con las inferiores, intenté sentir el Om, pedí a gritos al viejo Vasudeva que me indicara la clave para reconciliarme con la naturaleza y así poder conciliar el sueño en perfecta armonía con los chillidos del pajarito. Intenté amar esas vibraciones universales que tanto inspiraron y volvieron locos a los antiguos seguidores brahmánicos. Me agobié. Odio el canturreo del ovíparo, odio el calor denso y la luna mostrando demasiado.En fin, había llegado la hora de asumirlo; me había desvelado. Me levanté de la cama maldiciendo cualquier cosa a la que pudiera transferirle mi enojo; lo mucho que comí en la noche, lo tarde que me había levantado ese día ( y respecto a eso eso le echaba la culpa al festejo injustificado de la noche anterior), a lo mucho que tenía que pensar cuando es hora de dormir, a los pájaros, a lo que voy a hacer mañana que produce un efecto de stress adelantado etc etc etc.. pura mierda.Prendí la luz de mi velador, y la luz amarillezca abrazó mi pieza, tomé un libro y me puse a leer sin leerlo. Seguí maldiciendo.Después me empecé a mirar al espejo, me probé esa ropa apiñada en el fondo del clóset que nunca usas.. y que, a pesar de notar que se adhiere con gracia y encanto a tu cuerpo, igual nunca la volverías a usar. Me miré y no me gusté para nada, me quejé de mis puntas partidas, de cómo se me escapa el rubio de la niñez, de los neumáticos clásicos, de la celulitis cuando estrujas los cachetes del poto, de mi nariz superlativa, sayón y escriba tipo Góngora (enhorabuena vine a darme cuenta de que mis ancestros judíos dejaron huella), de la blancura poco bienvenida a mediados de Enero y demases. Luego pude evocar a Gregorio Samsa riéndose de mi patudez y me cayó la teja. “Bego corta la estupidez” me dije. “Tienes preciosos ojos e incluso como asusta a tu amiga Coté, los tienes en sutiles matices distintos” (dígase sin eufemismo: los tienes de diferente color).“ Bego, además eres menuda y proporcionada, tienes muñecas y tobillos finos y labios exageradamente delineados, como dos picos montañosos”. Ya y ahí se me subió el autoestima. Luego de experimentar esa exquisita sensación de auto aprobación, imaginé en mi pasado las caras de los hombres que nunca conseguí diciendo que ellos se lo perdían, obvio.Después-aunque siempre estuvo implícitamente más allá de mis pensamientos- me acordé de que amo a alguien, y de que él me ama. Fui feliz…Con esa plácida convicción, y esperando despertar para llamarlo, me quedé dormida para soñarlo.

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