Transpiracion, vibracion y agitacion.
Tres, cinco, diez veces al dia.
Todo el dia.
Todas las veces que recuerdo.
Siempre.
Sin un condicionamiento logrado.
Aumentando mi salivacion.
Aumentando las posibilidades.
Alargando mis horas.
Aventando sobre mi tus gotas de sudor.
martes, 30 de septiembre de 2008
martes, 13 de mayo de 2008
Llamada
El télefono de la casa sonó incansablemente.
Yo no podía contestarlo porque, en ese momento, hacía una llamada desde mi celular. ¡Ring! ¡Ring!
- odio el ruido de los teléfonos -.
Yo no contesté y mi llamada tampoco fue contestada.
¡Es tan díficil, en algunos casos, hablar con uno mismo!
Yo no podía contestarlo porque, en ese momento, hacía una llamada desde mi celular. ¡Ring! ¡Ring!
- odio el ruido de los teléfonos -.
Yo no contesté y mi llamada tampoco fue contestada.
¡Es tan díficil, en algunos casos, hablar con uno mismo!
Lloro por dentro
- ¿Por qué lloras?
- No lo sé- suspiró en un sollozo- sólo sé que es una pena tremendamente profunda.
- ¿Cómo va a ser que tengas una pena profunda y no sepas de qué se trata?
- Por eso mismo sé que es honda. Es tan íntima, tan subterránea, tan secreta y esencial que ni yo tengo acceso a conocer su raíz, su lei motiv. Su causa me está velada, yo únicamente la lloro. Tal vez mejor para mí, si mi inconsciente me la mantiene oculta será para que no sufra tanto. Quizá moriría al saber los procesos en los que se ocupa mi interior sin preguntarme, él siempre tan ajeno, tan independiente. Quizá qué cambios, quizá qué muertes, quizá qué desprendimientos dolorosos. Todo lo que se desprende sangra. Y sangra por los ojos.En fin, mientras más profunda e inaccesible sea la pena, más tiene que ver con nosotros.
- ¿Puedo darte un beso?
- Sí
- Eres tan ficticia. Como si no formaras parte de este mundo
- Es que el mundo más real es el que a Dios se le olvidó crear. Ese mundo que se muere por nacer, pero que no nace para no morir. Dios gobierna sólo en el mundo que creó.
- ¿ y en el otro?
- Ah no, ahí nadie. Es que se sale de las manos. Tiene vida propia, y es incontenible. Se desborda.Tiene vida autónoma y se autoalimenta solo.
- Y cuando muere quien lo crea, ¿Qué sucede?
- Queda escrito. Y es caldo de cultivo para otros nuevos. Son niebla. Son niebla ambigua y difusa que no se decide a ser. Es lamentable que no tengan existencia ontológica.. por eso se apoderan de gente ( gente que cree que los crea) y se asientan en ella con tal fuerza, con tal determinación. No saben cómo sobrevivir, o nosotros no sabemos cómo lo hacen, tienen sus métodos secretos.
- ya no estás llorando
- Sí, pero no se ve.
- No lo sé- suspiró en un sollozo- sólo sé que es una pena tremendamente profunda.
- ¿Cómo va a ser que tengas una pena profunda y no sepas de qué se trata?
- Por eso mismo sé que es honda. Es tan íntima, tan subterránea, tan secreta y esencial que ni yo tengo acceso a conocer su raíz, su lei motiv. Su causa me está velada, yo únicamente la lloro. Tal vez mejor para mí, si mi inconsciente me la mantiene oculta será para que no sufra tanto. Quizá moriría al saber los procesos en los que se ocupa mi interior sin preguntarme, él siempre tan ajeno, tan independiente. Quizá qué cambios, quizá qué muertes, quizá qué desprendimientos dolorosos. Todo lo que se desprende sangra. Y sangra por los ojos.En fin, mientras más profunda e inaccesible sea la pena, más tiene que ver con nosotros.
- ¿Puedo darte un beso?
- Sí
- Eres tan ficticia. Como si no formaras parte de este mundo
- Es que el mundo más real es el que a Dios se le olvidó crear. Ese mundo que se muere por nacer, pero que no nace para no morir. Dios gobierna sólo en el mundo que creó.
- ¿ y en el otro?
- Ah no, ahí nadie. Es que se sale de las manos. Tiene vida propia, y es incontenible. Se desborda.Tiene vida autónoma y se autoalimenta solo.
- Y cuando muere quien lo crea, ¿Qué sucede?
- Queda escrito. Y es caldo de cultivo para otros nuevos. Son niebla. Son niebla ambigua y difusa que no se decide a ser. Es lamentable que no tengan existencia ontológica.. por eso se apoderan de gente ( gente que cree que los crea) y se asientan en ella con tal fuerza, con tal determinación. No saben cómo sobrevivir, o nosotros no sabemos cómo lo hacen, tienen sus métodos secretos.
- ya no estás llorando
- Sí, pero no se ve.
lunes, 12 de noviembre de 2007
ALONDRA._
Sólo le voy a poner nombre a mi personaje para encariñarme con el de una manera más íntima, para hacerlo mío de manera verbal, que al fin y al cabo (lo verbal) es el medio por el cual expreso cualquier cosa- convertida en cuento o en lo que sea que salga- mía.Alondra era bajita y menuda, sus patitas parecían las de un polluelo anoréxico, y sus manos evocaban una sensación seca, de cadáver. Pero yo la quería sí, como el olor a hierba mojada la quería sí.
Alondra tarareaba por lo bajo, mientras manoseaba un libro y lo miraba, atónita, pero sin leerlo.Cantaba siempre, ¡claro que cantaba claro! Como las alondras risueñas en un día azul. No le gustaba hablar, le gustaba murmurar cosas mientras yo le hablaba, entonces yo me detenía y le preguntaba:- ¿Qué dijiste?- No, nada. Sigue.Y así yo continuaba mis relatos cotidianos o mis apreciaciones sobre trivialidades. Y alguna que otra vez, una confesión honda. Nunca la escuchaba, porque no se dejaba oír. Muchas veces le narraba desconcentrada algún evento fortuito inventado sólo para enfocarme en sus murmullos, pero parecía darse cuenta, y los omitía. Sólo me obsesionaban esos murmullos, me quitaban la cabeza, necesitaba comprenderlos, adentrarme, entenderlos. Qué me decía tan tímidamente.Me encantaba hacerle cariño en el pelo, casi no tenía, pero las cuatro mechas azabaches que bordeaban su blancura espectral me enternecían. ¡Ay Alondra! –le decía- deberías pintar tu pieza, odio esos colores, me gustan los pasteles. Casi siempre me hacía caso, accedía a todos mis consejos tontos.
A sus papás yo no les gustaba, creo, y creo porque ella nunca me hablaba, sólo me gritaba con sus ojitos rojos. Para juntarnos a escondidas, nos metíamos en la bodega de la casa y yo parlaba con desenfreno. Una vez, nos dimos un beso helado, pero no le hablé sobre eso después. Temía incomodarla o arrebatar con las palabras el misterio de aquel momento raro. Pero…. Un día la vi llorar, calladita como era, y le susurré cosas bonitas. Mientras lo hacía ella murmuró, pero con más fuerza que de costumbre. Y por costumbre le pregunté sin ninguna expectativa como siempre ¿Qué dijiste?Esta vez tampoco habló, pero destapó un plumón con la boca, y escribió con letra clara y cursiva en un papel de diario viejo: “NO EXISTES”.
Habria sido mejor un violin, .
Eran él y su guitarra. Se apagaba la esfera y aún se oían débiles en la brisa las notas de su melancólica melodía. Y entonaban las voces que no se oyen su canto perenne y monótono, en esos tonos altos que rozan las profundidades del espíritu, y provocan sensaciones lúgubres y sombrías. Tiene los ojos idos y sus dedos se precipitan en las cuerdas gastadas y desafinadas de tanto llanto. Secos y roncos los sonidos que dispara, son insoportables para el oído humano, pero el alma los capta tan bien y tan claramente.El nunca sabía si el sol seguía, vivía en la más terrible de las negruras.
Una pieza con cortinas escarlatas, pesadas y antiguas. Tenía el suelo por cama, y los brazos por almohadas, tenía el semblante ecuánime e imperturbable. Mirada fija en ningún punto fijo y las uñas largas y mugrientas. Bebía y se nutría de esos sonidos ásperos que alejaron a todos de aquel lugar. La gente ya no pasaba por la calle donde “vivía” él. Los murmullos de sus notas habían erosionado la tierra, ya nada crecía a su alrededor, y que no se suponga que él no lo notaba. Él sabía que era infértil. Sus notas tiñeron de gris el cielo y trajeron nubes espesas para adornarlo, nubes gordas y densas, negras, cargadas, pero nunca llovían, hacía un calor abrasador todo el tiempo.
Un día, fueron a rescatar al hombre, entraron a la fétida habitación, y el cuerpo inerte del sujeto yacía adherido a la guitarra en el suelo. Esa escena no la olvidaron jamás, fue lo más horrible que pudieron captar sus sentidos.
Dicen que cuando pasas por ahí, todavía se oyen las notas fúnebres de la guitarra, de su guitarra, llorándole a la muerte
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